Hay una pregunta que rara vez nos hacemos cuando abrimos el correo, subimos una foto a la nube o mandamos un mensaje: ¿en manos de quién queda ese gesto? La respuesta habitual es que queda en manos de una infraestructura ajena, gestionada por corporaciones cuyo modelo de negocio depende, precisamente, de que ese gesto nunca sea del todo nuestro.
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